15 julio 2009

Piratas en China

No me refiero a los piratas del parche en el ojo y la pata de palo, si bien muchos de estos podrían asumir el papel de lo que entiendo yo por piratas actualmente en China (nada que ver tampoco con el conflicto en aguas índicas). Me refiero a algo tan común en China como los intermediarios en compras varias. El caso con el que me he topado hoy ha sido muy típico. Cerca de Shanghai hay una isla pequeña, Putuoshan, que es un lugar dedicado al budismo y que además cuenta con un par de playas, tranquilidad y algo de naturaleza, razones por las que hemos decidido ir. Llegar a Putuoshan desde Shanghai no es tan fácil para un extranjero que no conoce chino, ya que la información en las guías internacionales es escasa, sin embargo todas apuntan a que hay ferries directamente desde la ciudad.
 
Tras una investigación online, descubro la dirección y el teléfono de la agencia que vende los billetes de estos ferries misteriosos. Me resulta un poco raro, que en Shanghai, una ciudad interminable, sólo haya un sitio en el que comprar estos billetes, pero esto es China. Me imagino además, que en el muelle donde esté el barco, que tampoco sabemos dónde es, también se podrán comprar.
 
Como sé que comprar unos pasajes de lo que sea en China, no es algo tan fácil como llegar y comprar (podemos hablar del sistema de venta de billetes de tren largo y tendido), decido llamar a la agencia para comprobar la información, la existencia de la misma y de los ferries, antes que darme un viaje hasta allí en balde con los 35º y la humedad a altos niveles que nos regala Shanghai en estos días (otro motivo más para ir a Putuoshan).
 
En la llamada me dicen que sí (todo en chino, no habla inglés nadie), que venden los billetes, y que vaya a la agencia directamente a por la información, que sí, que hay dos tipos de ferries distintos y que vaya allí por la información. El tono de mi interlocutora me hace pensar que no tiene ganas de explicarme todo para no venderme ningún billete, de reservar billetes por teléfono ni hablamos, así que ayer fui hasta la agencia, que afortunadamente no se encuentra demasiado lejos de una parada de metro (al sur del Bund, en el nº59 de Jinling Road por si alguien quiere ir).
 
Llego a la oficina, en una calle de mayoristas de mercería, y entiendo sólo con verla, porqué no estaban muy explicativos por teléfono. Se trata de la típica oficina de venta de billetes oficial con unas ventanillas y sin ningún sentido comercial, ya que los empleados probablemente ganan lo mismo vendan billetes o no. Pregunto a uno de los dependientes si ahí venden los billetes y me dice que sí, le digo que me explique las distintas posibilidades, precios, clases, etc... y me señala un tablón de anuncios en el que está toda la información en unos magníficos caracteres chinos. No obstante, puedo intuir algunas diferencias (de algo tenían que servir tantas clases), pero quiero saber más detalles. Vuelvo a la ventanilla y pregunto, y el dependiente, a su pesar va respondiendo las preguntas de esta laowai tan pesada que parece que no se va a ir nunca. Pero aquí no concluye la historia para comprar los billetes, ya que siguiendo la regla que algún iluminado dictó desde algún ministerio, sólo se venden billetes dos días antes, como queremos irnos el viernes, hay que comprar a partir del miércoles, es decir al día siguiente (hoy). Al final, le debo caer bien al hombre ya que me insiste que al día siguiente, si quiero los billetes, tengo que estar allí a las 7 de la mañana o no van a quedar. Me insiste mucho y yo le digo que sí, que volveré (pensando que a las 7 de la mañana no vengo seguro). ¿Cómo no van a quedar billetes para ir a Putuoshan, que no va nadie, un par de horas más tarde?
 
Pues parezco una novata en China a veces, porque por supuesto, cuando hoy he vuelto a las 9 y algo de la mañana, sin llegar a entrar a la oficina he podido intuir porqué no quedarían los billetes que me interesaban. En la acera a ambos lados de la puerta de la oficina, había cuatro o cinco hombres con butacas, una mesita, una calculadora y unas bolsas del tipo cartera colgando y que se me han quedado mirando nada más verme entrar en la oficina. De hecho, uno me ha acompañado hasta la ventanilla, no por gentileza si no porque sabía que los billetes que yo quería no los tenían en ventanilla, sino que los tenían ellos en las bolsas. La señora de la ventanilla, me ha dicho que esos billetes ya no, que los tenían esos señores, que son los piratillas (esto no lo ha dicho ella lógicamente). Llegan allí a las 7 de la mañana, compran los billetes buenos, los de ir hacinados en literas con mucha gente no los cogen claro, y luego te los revenden con una comisión. Por eso tienen ahí la calculadora, para la negociación. Finalmente, he conseguido los billetes que quería, por 20 yuanes (2 euros aproximadamente) más cada uno del precio de salida.
 
Me lo tomo como que les he pagado a los piratillas para que me compraran los tickets a las 7 de la mañana y no quedarme sin ellos, pero en el fondo me pregunto, para qué tanto sistema de control de venta de los billetes, si al final resulta que los únicos que se están beneficiando son unos cuantos piratillas, que por supuesto, no declaran ni un yuan al Estado por estos trapicheos.

 

13 julio 2009

Eclipse solar en Shanghai

El próximo día 22 de julio se podrá contemplar desde Shanghai un eclipse solar total, que según dicen, no tendrá igual en 300 años. Empezará a las 8.23 de la mañana, teniendo 6 minutos de gloria entre las 9.36 y las 9.41. Estaremos atentos y lo intentaremos seguir con detalle, aunque espero que no ocurran sucesos extraños, como en la novela de Stephen King. Ya os contaré cómo se vive el eclipse en China.
 
 

10 julio 2009

Cómo se hacen regalos en China

Las costumbres cambian mucho de un país a otro, así que
tratándose de China, las diferencias son muchas. En un
tema como hacer regalos, que parece una banalidad, hay
muchas diferencias entre nuestra cultura y la cultura
china.
 
Si alguien te invita a su casa, la costumbre, igual que
en España, es llevar un pequeño regalo. Lo más típico es
llevar flores o cajas de fruta, una botella de licor
chino o similares. De hecho venden fruta en cajas de
presentación para regalo, es muy común.
 
En China no se abren los regalos delante de la persona
que lo entrega. Es de mala educación por varias razones:
si el regalo no te gusta, se nota, y haces quedar mal a
la persona que te lo ha regalado; si el regalo es más
barato de lo que esperabas, se nota, te ofendes, y de
nuevo, haces quedar mal a la persona que lo ha traído; si
el regalo es demasiado caro, entonces, la persona que lo
recibe está en situación de deuda con el que da el
regalo, por lo que es incómodo y tendrá que intentar
compensarlo.
 
Pero, no sólo el precio es importante, también hay que
saber qué regalar y sobre todo, qué no regalar, puesto
que hay muchas supersticiones relacionadas con los
regalos.
 
Si comprando fruta, uno escoge algo tan inofensivo como
peras, la intención de ese regalo en China, es desear la
muerte de la persona que lo recibe. ¿Y por qué? Porque
pera, se dice li, y li también quiere decir dejar, irse,
marcharse, o figuradamente, morir. Este tipo de
asociaciones en las palabras son las que hacen que
ciertos regalos no sean bien vistos.
 
Otros ejemplos: No se pueden regalar paraguas, y eso que
en sitios como Shanghai llueve mucho, porque se dice san,
que también suena como separarse y conlleva el
significado de separar la familia; no se pueden regalar
relojes de pared (de muñeca, sí) porque decir suena como
ofrecer los últimos respetos a un muerto (songzhong).
También hay casos que denotan cosas positivas, por
ejemplo en Año Nuevo Chino se regalan mandarinas y
manzanas porque conllevan cosas buenas y paz
respectivamente. Así como también se come pescado en Año
Nuevo porque suena igual que permanecer, seguir, lo que
asocian a prosperidad. 
 
Así que a la hora de regalar algo a chinos, hay que
pensar bien qué para no meter la pata.
 

06 julio 2009

Shanghai de lujo

Hace poco nos dimos un capricho. Fuimos una tarde al hotel Hyatt que está en la torre Jinmao, a partir del piso cincuenta y tantos, a lo que llamaron 'Sinful Chocolate Buffet'. Tenían un mostrador con postres de chocolate y por menos de 15 euros podías tomar todos los que querías. Ya sé que estáis pensando, que 15 euros no es tan barato. Pero bueno, el que el Hyatt es un hotel de cinco estrellas de verdad y el bar en el que los tomabas estaba justo en el atrio central del hotel, con una claraboya de treinta pisos por encima (foto). Vamos, impresiona al más viajado… No solemos ir a hoteles de 5 estrellas, pero alguna vez hay que darse un capricho, y si es de chocolate, pues mejor aún.


 

02 julio 2009

El mercado de té

Como no podía ser de otra manera, en Shanghai donde todo se compra y se vende, hay un mercado del té (de hecho creo que hay más de uno). Los clientes de ese mercado son generalmente mayoristas, restaurantes y sitios así, pero cualquiera puede comprar. Lo curioso es que no es un sitio especialmente turístico, es inevitable que te miren con curiosidad cuando paseas por el mercado y además el inglés escasea, así que para los puramente turistas puede ser complicado entenderse. Aprovechamos la visita, Nayra, Miguel y yo, para comprar algo de té. Por supuesto, en los dos puestos en los que nos paramos a comprar nos hicieron la ceremonia del té (en otras palabras, el jarrucheo) y nos estuvieron sirviendo té hasta que dejamos los cuenquitos llenos para que no nos sirvieran más (el té chino se toma en cuenquitos minúsculos para evitar que se enfríe y se van sirviendo rondas). El té es bastante barato respecto a los precios en otras tiendas de Shanghai, aunque hay de todos tipos y calidades siempre que sea té chino, vamos, que a nadie se le ocurra pedir Earl Grey.  
 
Dejo un par de fotos para que veáis el ambiente.

26 junio 2009

Póngame una ración...

No todo van a ser reflexiones serias sobre lo que ocurre o no en China. Hoy tengo algo más banal y gracioso que contar, que quizás, sólo podría ocurrir en China.
 
Hace un par de noches fuimos a cenar a un restaurante singapureño cerca del CEIBS. No es un sitio con un encanto especial, pero podían acoger sin problemas veinte personas una noche entre semana a una hora ya tardía (las nueve y pico de la noche!!!). Allí estábamos cenando, dividido el grupo en dos mesas, cuando vemos que todos los que estaban en la otra mesa, se levantan de repente, como el que ha visto algo. Señalan a la moqueta y veo lejos algo grisáceo y pequeño que se desplaza a toda velocidad. Pensé, un ratón, lo que faltaba... Sin embargo, cuando miré mejor vi algo completamente distinto: ¡un cangrejo!
 
Pensamos que se había escapado de la cocina en busca de una nueva aventura, como si fuera una película de dibujos animados. No sabemos qué fue de él, si habrá encontrado una vida mejor, o si en el restaurante lo cazaron y lo echaron a la siguiente ración. Al menos, pienso, la comida debe ser fresca fresca, lástima que no tomásemos marisco.  
 
 

17 junio 2009

Crucero por el Huangpu, otra vista de Shanghai

El río Huangpu es la línea divisoria de la Shanghai moderna. Antiguamente, la ciudad quedaba en el orilla Oeste conocida como Puxi (cuyo nombre no es aleatorio – Pu de Huangpu, y Xi que significa oeste) y en la orilla Este estaba Pudong (en este caso Dong significa este). La imagen de los rascacielos, la famosa torre de la televisión conocida como la Perla de Oriente, la Jinmao y el Shanghai World Financial Center, están todos en Pudong, clara señal de la atención del gobierno a crear un nuevo modelo de ciudad china moderna.

 

El caso es que el sábado pasado decidimos hacer un crucero por el Huangpu hasta la salida al mar y a la desembocadura del Yangtsé (el tercer río más largo del mundo). Hay distintas compañías y opciones de cruceros, siendo los más numerosos los que te llevan a cenar  y te pasean durante una hora. Nosotros escogimos un paseo de 3 horas en plena tarde, para poder ver bien otra cara de Shanghai que desconocíamos. Si bien lo más bonito es lo que se ve justo pasando por el centro, al Oeste el Bund y al Este los rascacielos, es muy curioso seguir río abajo viendo cómo las dos orillas del río están plagadas de astilleros, muelles de descarga, barcos militares, barcos de pesca, buques de transporte de mercancías, grúas, etc, … Esta parte, ayuda a recordar que en Shanghai viven en torno a 20 millones de personas, que es un centro comercial internacional y que es mucho más grande de lo que parece. Sin duda, el año que viene, los cruceros incorporarán a su recorrido un poco más de río arriba, donde se encontrará la Expo presidida por el enorme pabellón de China.

 

Para los que no tengan tres horas, no quieran llegar hasta el Yangtsé o no se sientan cómodos en barco, siempre quedan las barcas públicas para cruzar el río (unos 5 minutos, 2 yuanes) a las que se puede acceder con la misma tarjeta de transporte que al metro o al autobús.


 

16 junio 2009

Medicina china, nuevo hallazgo

En esta temporada que ya empieza a ser calurosa de más, en un lugar húmedo como Shanghai es inevitable la aparición de mosquitos. A pesar de ser muy previsora, poner los típicos aparatos en los enchufes, echarme loción antimosquitos (de una multinacional), al final, algunos días, por despiste se me olvida echarme la loción y entonces, no falla, siempre hay algún pequeño vampiro dispuesto a atacar. Pues hace un par de días fuimos a casa de unos amigos a cenar y se me olvidó rociarme antes de salir. Inevitablemente, unas horas más tarde notaba picores en la pierna y cuando me fijé, tenía un par de picaduras fresquitas fresquitas. Vivian, que es china, inmediatamente me dejó un producto de medicina tradicional china para que me lo aplicara y me aliviara el picor. Se trataba de un frasco de cristal pequeño, casi diminuto, con un líquido verdoso dentro que desde luego encajaba con el aspecto de pócima tradicional china que yo me había ya imaginado. Yo me lo eché con un cierto escepticismo, pero pensando, más vale que lo intente y si funciona un rato, pues ya es algo. Y no sólo funciona, es mucho mejor, porque hace magia, las picaduras no vuelven, insisto, no vuelven a molestar ni al día siguiente con una sola aplicación del producto. Se baja la hinchazón y prácticamente desaparecen.

 

El nombre del producto, para quien esté interesado en buscarlo, en inglés es Essential Embrocation (o linimento – aceite- esencial). Está compuesto de distintas plantas y también se puede aplicar para los dolores de cabeza, este uso aún no lo he probado pero casi tengo ganas de que me duela un poquito para ver qué ocurre. El nombre chino es  Fengyoujing 风油精。


 

07 junio 2009

Los chinos y los animales

La relación de los chinos con los animales es muy distinta a la de los occidentales. El perro como animal de compañía es un elemento relativamente reciente en la sociedad y aún escaso en las calles. No descarto que antiguamente hubiera más, (¿de dónde viene sino el típico y feo perro pequinés?) pero con la revolución se prohibió tener animales de compañía, si había dificultad para alimentar a la gente, los animales puramente de compañía eran considerados un símbolo de lujo y por tanto, inaceptable.

 

Además hay una serie de animales que en China tienen significados especiales relacionados con temas religiosos y espirituales (los famosos animales del horóscopo chino), y que yo aquí no voy a discutir porque para empezar no sé apenas nada de todo esto.

 

Sin embargo, hace poco visitamos uno de los mercados de animales y plantas que hay en Shanghai. Y sí, había gatos y canarios, pero lo que más abundaba para mi sorpresa eran los grillos. El ruido, el canto según los gustos, que generaban era atronador. Se venden en cajitas y son bastante grandes (como un dedo pulgar al menos). Según nos dijo un vendedor viven entre seis meses y un año. He estado investigando un poco y resulta que el grillo es un animal de compañía en China desde hace unos dos mil años. A la gente le gusta mucho oír como canta y además se utilizaba frecuentemente en los poemas como símbolo de soledad y de fertilidad (por la cantidad de huevos que ponen).

 

Yo, sigo sin verle el encanto a tener un grillo en casa, que además no se calla, pero sé de alguien que lo compraría sin dudar.

 

En las fotos el mercado donde se vendían grillos. Las cajitas de bambú estaban todas llenas de grillos.


 
 

03 junio 2009

De excursión por Hangzhou

Aprovechando el puente que tuvimos la semana pasada por el festival del barco del Dragón, o algo así viene a ser la traducción, fui con Mei, una amiga taiwanesa, que vino de visita a Hangzhou. En primer lugar, una aclaración del concepto de puente en China: si el jueves es festivo y el viernes se hace puente, el domingo se trabaja para compensar. Me imagino lo que podría ocurrir en España ante esta idea, qué menos que una huelga nacional...
 
Hangzhou es una ciudad muy famosa en China porque tiene el Lago del Oeste (Xihu 西湖), del que salen varias leyendas e historias populares, que realmente corresponden a una mitología que aún no entiendo muy bien. Por ejemplo, ¿qué es eso de que la serpiente blanca se transforma en mujer que es mala pero luego no y al final muere? Desde luego, no encaja exactamente en nuestras ideas, claro que ellos pensarán lo mismo cuando les cuentan historias de la Biblia.
 
Volvamos a Hangzhou. La ciudad es mediana (en términos chinos) y aspirando a conseguir ser el próximo centro de inversiones punteras para lo que están invirtiendo mucho dinero en parques tecnológicos y similares. El tren de levitación magnética (hasta 430 kms/h) la conectará el año que viene con el aeropuerto principal de Shanghai, así que se tardará un suspiro en llegar. Hasta aquí, no se diferencia tanto de Shanghai. ¿Qué es lo que tiene Hangzhou entonces que no hay en la Perla de Oriente? Fundamentalmente, naturaleza. Y es que el lago, que es bastante grande, tiene sólo una de las 'esquinas' en ciudad, el resto está lleno de parques, colinas con plantaciones de té, templos y pagodas sueltos, y un ambiente de lo más relajante. Aprovechamos estas circunstancias y nos pasamos el día andando por parques alrededor del lago, montando en barquita y al final, cómo no, cenando una comida en un restaurante que es famoso en toda China. Algunos de los platos que tomamos fueron raices de loto dulces, orejas de gato (no literalmente no seáis mal pensados) que son como las orecchiette italianas, brotes de bambú frescos, una sopa de hojas (esto era un agua extraña desde mi punto de vista) y unos dumplings de cangrejo. Es sorprendente lo distinto que es ir a un restaurante chino con chinos, nunca piden lo que hubiésemos pedido nosotros.
 

 
 

31 mayo 2009

Una barbacoa en el parque

En Shanghai hay un parque llamado 'Parque Forestal de Gongqing' al que fuimos hace unos días en una actividad de la escuela de Jorge. Sin duda fue una intensa experiencia china. El parque, a medio camino entre un parque de atracciones y un parque tradicional, tenía zonas verdes, actividades para niños y no tan niños, y un área de barbacoas. Nada más llegar al parque, a eso de las 10.30 de la mañana nos dirigimos a la zona de las barbacoas que consiste en un recinto vallado donde alquilan barbacoas y con algunos sombrajos para poder cocinar a gusto. Con lo que no había contado nadie, inocentemente, es que al ser un día festivo en China aquello estaba ya lleno de gente (foto arriba), sí, lleno en China es muy lleno. Conseguimos encontrar un rincón en el que instalar nuestro picnic (para unas treinta personas nada menos). Estábamos al lado de una charquilla, y rodeados de lo que sería el equivalente a domingueros, por todos los flancos. Estar en una zona de barbacoas tan abarrotada, donde todo el mundo tiene su barbacoa encendida, tiene inconvenientes en los que no voy a detenerme más allá de estar constantemente ahumado y la falta de encanto.
Afortunadamente, después de comer, ya sin barbacoa nos dirigimos a la otra zona del parque donde ya había explanadas de cesped, no había humo, ni basura... Aprovechamos para tener un rápido combate de paintball, del que aún tengo un morado en la pierna de tres colores distintos, airearnos, jugar a las cartas (actividad china como ninguna). Conclusión, la próxima vez en un parque chino se hace picnic, que no barbacoa. No digáis que no os he avisado.

 
 

Tíbet

Este post lo tenía escrito hace varias semanas, por fin puedo publicarlo.
...
 

Esta historia empieza como un chiste, íbamos cuatro españoles, tres alemanes, dos filipinos, un argentino y una hongkonesa a conocer una de las caras más ocultas de China. Desde que salimos de Shanghai pasamos diez días fuera: en la provincia de Qinghai en Xining una noche, otra noche en el tren (25 horas en total de tren!), y el resto de días en el Tíbet. Elegimos ir en tren desde Xining, para poder aclimatarnos a la altura del Tíbet y evitar pasarlo regular como ocurre frecuentemente cuando se va en avión sin período de adaptación. La altura media en Tíbet son 4000 metros, y eso son muchos metros y el oxígeno ya no abunda… aunque el aire está más limpio no se respira igual. De hecho un poco de dolor de cabeza no te lo quita nadie, pero bueno, no fue nada grave.

 

Tíbet son varios mundos distintos, Lhasa y fuera de Lhasa, tibetanos y han, edad media y siglo XX (al XXI más bien no han llegado), templos y monasterios, lagos y montañas, agua y desierto, todo bajo la cima del mundo, el Everest, conocido en chino como Qomolangma.

 

El Tíbet poco a poco se va adaptando a la modernidad impuesta, pero aún sigue dependiendo del yak como parte fundamental de su forma de vida. ¿Qué sería de los templos sin la mantequilla de yak que hace las veces de combustible para las velas? ¿Qué carne comerían? ¿De dónde sacarían la lana? ¿Y la  leche? ¿El queso? ¿El combustible para las estufas (el que no sepa de dónde sale que me lo diga)? ¿Animal para arar? Pero, como decía, la modernidad y la practicidad china se imponen, paneles solares para calentar el agua en todos los sitios en los que hay agua corriente, fuera de Lhasa no son tantos, cocinas solares por todas partes, carreteras asfaltadas e incluso parabólicas.

 

Aún nos sorprenden, sin duda, las costumbres de la gente. Yo no había visto nunca a nadie –sin eufemismos- cagar, y en Tíbet sin querer, vi en un mismo día dos personas. La gente, cuando va al baño (los baños no queréis más detalles, creedme), le da igual no cerrar la puerta, no tienen ese pudor aunque estén haciendo los ruidos más incómodos. Los niños no llevan pañales y generalmente van con las caras y las manos bastante sucias. Y yo pienso, si no tuviera más agua corriente que la que va en el arroyo recién bajada del deshielo, ¿acaso me lavaría muy a menudo? ¡Qué fácil es ducharse con el agua a 40º y la calefacción al salir!

 

Viajar por Tíbet sin duda es algo distinto que no cómodo, auténtico y espectacular, a pesar de las burocracias, los controles continuos, el dolor de cabeza… Se vuelven a apreciar cosas tan sencillas como una buena ducha, una ensalada fresca (fuera de Lhasa es complicado), o el acceso a Internet. Sin duda en Tíbet desconectas.


 
 

La burladora de Shanghai

Gracias a la ayuda de Kiko y a un par de cambios en la configuración del blog, puedo volver a publicar entradas. Espero que este sistema aguante y voy a empezar ya a poner algunas que tenía atrasadas. Tendréis que comprender que quizás ahora no queden tan bonitas cuando coloque las fotos, pero seguiré haciendo lo que pueda. Se acabó la pausa.
 
 

25 mayo 2009

Sin acceso

Soy Kiko, escribiendo de parte de Rocío, dice que hace semanas que no puede acceder a su blog, tiene el acceso bloqueado, no sabe porqué. Así que no vamos a decir que hay c______ pero bueno, a lo mejor es "sólo" un problema técnico.

14 mayo 2009

Paul Krugman en Shanghai

Pues hace un par de días estuvo Paul Krugman, último premio Nobel de Economía, dando una conferencia en Shanghai Jiao Tong University, mi universidad en Shanghai. Me enteré de esto estando en Tíbet (sí, aún no he escrito nada, estoy seleccionando fotos), pero no me dio tiempo a inscribirme. Decidí de todos modos, plantarme en la puerta e intentar entrar. Primero me dijeron que estaba lleno y que no se podía entrar, pero que si eventualmente había sitio, podría entrar. Llegado el momento, la azafata de la puerta, claramente entrenada para negar, no me quería dejar entrar de ninguna manera, y a decir verdad, había bastante gente y tenía toda la pinta de que iba a estar lleno. No obstante, decidí quedarme en la puerta a ver si en el último momento algo cambiaba. Allí a la espera, me abordó un señor chino que tenía al lado y me preguntó si quería entrar. Le dije que sí pero que no tenía invitación. A él le sobraba una, pinta que estaba esperando en la puerta para dársela a alguien y le llamaron diciendo que no, así que muy amablemente me la cedió. No sólo pude entrar, sino que además estaba en la zona delantera al lado del escenario (la de las entradas caras), con lo que no perdí detalle. Fue muy divertido ver cómo Krugman que hablaba de la crisis económica global y de China, aunque no es un experto en economía china, metía baza con las prácticas chinas monetarias, comerciales y medio ambientales. El público, mayoritariamente chino, en la ronda de preguntas, saltaba y se ponía de pie intentando que les diesen a ellos el micrófono. Yo no había visto nunca tantas ganas a la hora de hacer preguntas en una conferencia.