06 enero 2009

De vuelta a Shanghai

Lo cierto es que las navidades han pasado volando y aquí estamos de nuevo. Ya hemos empezado las clases, yo por poco porque la semana que viene ya tengo los exámenes finales de semestre y luego las vacaciones de invierno que van desde el Año Nuevo Chino, que es el día 26 de enero en 2009. Este año es el 'año de la vaca' así que las gordas están de enhorabuena en China (chiste malo, cosecha propia). Pero ya hablaremos de esto más adelante, ahora voy a retomar donde lo dejé antes de irnos a España. Teníamos pendiente una cita con Nanjing.

Nanjing, literalmente la capital del sur, es una ciudad pequeña (en estándares chinos, pues son 6 millones de habitantes) y que tiene su nombre porque fue capital con algunas dinastías imperiales. Bueno, llegar a Nanjing desde Shanghai no es nada difícil, hay trenes tipo AVE (pero mucho más baratos unos 10-12 euros por trayecto) que salen frecuentemente desde una de las dos estaciones principales de trenes de Shanghai. Nuestra aventura comenzó cuando decidimos coger un tren a eso de las 9 de la mañana del sábado para poder aprovechar bien el fin de semana. Habíamos comprado los billetes el día antes, en China sólo se pueden comprar billetes de tren con dos semanas de antelación, y fuimos optimistas en que llegaríamos a tiempo. Y habríamos llegado... decidimos ir en metro a la estación de tren, y hay dos rutas posibles, cogemos la equivocada. El metro tarda en llegar y luego nos deja 'en teoría' en la estación de tren. Al llegar a la parada, subimos a la calle por la salida más próxima y estamos dentro de una especie de campo en construcción enorme. No vemos la estación por ninguna parte y sin embargo, gente con maletas que va y viene por la calle habilitada para los peatones. ¿Qué estarán construyendo? Cualquier mole... Pues después de avanzar unos cuantos minutos, vemos una señal que indica justo a la otra dirección, murphy está hoy con nosotros. Ya empezamos a correr porque faltan menos de 10 minutos para la salida del tren. Cuando bajamos de nuevo al metro, cruzamos la parada hacia la otra salida, cruzamos una galería subterránea de tiendas cutre, salimos a la calle, esta vez sí, la plaza de la estación, entramos a la estación, llegamos a la sala de embarque de nuestro andén y la chinita nos dice: Ya se ha ido.

Esto, que sería trágico en cualquier estación española, bien por el precio exorbitante de los billetes AVE, bien por la escasa frecuencia de otros talgos, aquí resultó solucionarse fácilmente.

Resulta que en China, si pierdes tu tren, vas a una ventanilla y te devuelven el 80% de tu billete directamente en cash. Entonces vas a otra ventanilla y compras un billete para el siguiente, que es sólo una hora y pico después. Así que al final, lo que parecía una tragedia, se queda en que llegamos un poco más tarde a destino, y por un poco más de dinero. Nada grave.

Ya en Nanjing, nuestro hotel, chino auténtico y barato, es para tomar nota de los detalles. La primera habitación que nos dan, tiene una ventana que no cierra. Pero no cierra porque está mal hecha, de hecho queda como un centímetro entre el cristal y el marco (foto adjunta, aunque no se aprecia del todo). El botones nos dice que no pasa nada, que cerremos las cortinas. Le decimos que con el frío que hace, cerrar las cortinas no es suficiente que entra viento. El tipo nos mira como pensando, estos extranjeros de verdad que son exigentes... finalmente nos cambian de habitación, una ya con las ventanas terminadas sin grietas. Eso sí, el baño de las dos habitaciones huele a tuberías. Creemos que esto no tiene ya remedio, es sólo una noche. Otros detalles rápidos que no me quiero enrrollar: lavabo negro y rojo con toques de purpurina, iluminación principal, un tubo de neón, eso sí, que no falte, una pantalla plana para ver la tv.




La ciudad, cuyo centro es poco interesante tiene un par de rincones que merecen la pena: Uno, la montaña en la que se encuentran el mausoleo de Sun Yat Sen, varios templos, palacetes y demás, todo en plena naturaleza. Muy chino y muy curioso; Dos, la zona del templo de Confucio, peatonal con tiendas, casas antiguas, restaurantes, y por supuesto, el templo. Nos queda pendiente de ver con más tiempo.


En la puerta de la montaña con un soldadito típico.


El momento más gracioso del fin de semana, lo que llamamos 'Minoría étnica 2.0'. Un niño de unos dos años de alguna minoría china (se nota en los rasgos y en las vestimentas) que está pidiendo con su madre, al ver extranjeros (nosotros) se lanza con la mejor de sus sonrisas a sacarnos unos yuanes. Jorge que una vez andó por Shanghai como 100 metros con una niña colgada de la pierna, echa a correr porque no quiere que se repita. El niño le persigue, tanto que casi agota a Jorge, pero para cuando su madre ya lejos le llama. Finalmente le da unas monedas para compensar las calorías que ha perdido en la carrera. Una pena no haberlo grabado en vídeo, porque era muy gracioso ver cómo Jorge corría perseguido por un niño de dos años!

1 comentarios:

Pedja dijo...

Enhorabuena por el blog y el post, y sobre todo, por la experiencia que debes estar adquiriendo, un saludo.