No me refiero a los piratas del parche en el ojo y la pata de palo, si bien muchos de estos podrían asumir el papel de lo que entiendo yo por piratas actualmente en China (nada que ver tampoco con el conflicto en aguas índicas). Me refiero a algo tan común en China como los intermediarios en compras varias. El caso con el que me he topado hoy ha sido muy típico. Cerca de Shanghai hay una isla pequeña, Putuoshan, que es un lugar dedicado al budismo y que además cuenta con un par de playas, tranquilidad y algo de naturaleza, razones por las que hemos decidido ir. Llegar a Putuoshan desde Shanghai no es tan fácil para un extranjero que no conoce chino, ya que la información en las guías internacionales es escasa, sin embargo todas apuntan a que hay ferries directamente desde la ciudad.
Tras una investigación online, descubro la dirección y el teléfono de la agencia que vende los billetes de estos ferries misteriosos. Me resulta un poco raro, que en Shanghai, una ciudad interminable, sólo haya un sitio en el que comprar estos billetes, pero esto es China. Me imagino además, que en el muelle donde esté el barco, que tampoco sabemos dónde es, también se podrán comprar.
Como sé que comprar unos pasajes de lo que sea en China, no es algo tan fácil como llegar y comprar (podemos hablar del sistema de venta de billetes de tren largo y tendido), decido llamar a la agencia para comprobar la información, la existencia de la misma y de los ferries, antes que darme un viaje hasta allí en balde con los 35º y la humedad a altos niveles que nos regala Shanghai en estos días (otro motivo más para ir a Putuoshan).
En la llamada me dicen que sí (todo en chino, no habla inglés nadie), que venden los billetes, y que vaya a la agencia directamente a por la información, que sí, que hay dos tipos de ferries distintos y que vaya allí por la información. El tono de mi interlocutora me hace pensar que no tiene ganas de explicarme todo para no venderme ningún billete, de reservar billetes por teléfono ni hablamos, así que ayer fui hasta la agencia, que afortunadamente no se encuentra demasiado lejos de una parada de metro (al sur del Bund, en el nº59 de Jinling Road por si alguien quiere ir).
Llego a la oficina, en una calle de mayoristas de mercería, y entiendo sólo con verla, porqué no estaban muy explicativos por teléfono. Se trata de la típica oficina de venta de billetes oficial con unas ventanillas y sin ningún sentido comercial, ya que los empleados probablemente ganan lo mismo vendan billetes o no. Pregunto a uno de los dependientes si ahí venden los billetes y me dice que sí, le digo que me explique las distintas posibilidades, precios, clases, etc... y me señala un tablón de anuncios en el que está toda la información en unos magníficos caracteres chinos. No obstante, puedo intuir algunas diferencias (de algo tenían que servir tantas clases), pero quiero saber más detalles. Vuelvo a la ventanilla y pregunto, y el dependiente, a su pesar va respondiendo las preguntas de esta laowai tan pesada que parece que no se va a ir nunca. Pero aquí no concluye la historia para comprar los billetes, ya que siguiendo la regla que algún iluminado dictó desde algún ministerio, sólo se venden billetes dos días antes, como queremos irnos el viernes, hay que comprar a partir del miércoles, es decir al día siguiente (hoy). Al final, le debo caer bien al hombre ya que me insiste que al día siguiente, si quiero los billetes, tengo que estar allí a las 7 de la mañana o no van a quedar. Me insiste mucho y yo le digo que sí, que volveré (pensando que a las 7 de la mañana no vengo seguro). ¿Cómo no van a quedar billetes para ir a Putuoshan, que no va nadie, un par de horas más tarde?
Pues parezco una novata en China a veces, porque por supuesto, cuando hoy he vuelto a las 9 y algo de la mañana, sin llegar a entrar a la oficina he podido intuir porqué no quedarían los billetes que me interesaban. En la acera a ambos lados de la puerta de la oficina, había cuatro o cinco hombres con butacas, una mesita, una calculadora y unas bolsas del tipo cartera colgando y que se me han quedado mirando nada más verme entrar en la oficina. De hecho, uno me ha acompañado hasta la ventanilla, no por gentileza si no porque sabía que los billetes que yo quería no los tenían en ventanilla, sino que los tenían ellos en las bolsas. La señora de la ventanilla, me ha dicho que esos billetes ya no, que los tenían esos señores, que son los piratillas (esto no lo ha dicho ella lógicamente). Llegan allí a las 7 de la mañana, compran los billetes buenos, los de ir hacinados en literas con mucha gente no los cogen claro, y luego te los revenden con una comisión. Por eso tienen ahí la calculadora, para la negociación. Finalmente, he conseguido los billetes que quería, por 20 yuanes (2 euros aproximadamente) más cada uno del precio de salida.
Me lo tomo como que les he pagado a los piratillas para que me compraran los tickets a las 7 de la mañana y no quedarme sin ellos, pero en el fondo me pregunto, para qué tanto sistema de control de venta de los billetes, si al final resulta que los únicos que se están beneficiando son unos cuantos piratillas, que por supuesto, no declaran ni un yuan al Estado por estos trapicheos.
6 comentarios:
"sin ningún sentido comercial, ya que los empleados probablemente ganan lo mismo vendan billetes o no", mmmm, cómo me recuerda esto a Bruselas..., jajaja.
Pero la isla esa, Putuoshan, suena MUY bien: budismo, playas, tranquilidad y naturaleza... maravilloso.
Lo de los piratas esos, no parece tan grave; como tú dices, por 2 euros te hacen el servicio de no tener que estar ahí a las 7 de la mañana. Me parecen mucho mejores que los piratas de aquí; me refiero a "la Innombrable".
la innombrable? quiero detalles!
No, hombre, que es innombrable;
si dices su nombre... desaparece!.
Jajaja, ojalá!
Más info aquí:
http://es.wikipedia.org/wiki/Sociedad_General_de_Autores_y_Editores#Cr.C3.ADticas_y_pol.C3.A9micas
aquí:
http://inciclopedia.wikia.com/wiki/La_Innombrable
y por toda la internet... (bueno, salvo en los sitios que van "cerrando")
Igual estaban compichados con la de la agencia que habló contigo y sabian que llegarias...o a saber...china es tan extraña...pero ya ves...20 yuans...ufff...tienen buenos precios...y cerveza tsingtao...yo estube un mes hace poco por pekin y alrededores...es interesante, y en general muy buena gente. Eso si, no paraban de mirarnos como si fuesemos...astronautas, o estrellas de cine...o algo.
Saludos.
Me ha encantado la historia... Y un día me gustaría verte regatear en chino, debe ser una pasada. salu2. paco.
después de veros y todo lo demás ayer...(que me encantó), me he picado y hoy he bicheado el blog. Y me ha gustado mucho las historia de la isla, de la compra de los billetes...
buen viaje!!
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